Lo Que Creemos

NUESTRAS DECLARACIONES DE FE

Fe y Mensaje Bautistas

  • La Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es la revelación que Dios hace de sí mismo al hombre. Es un tesoro perfecto de instrucción divina. Tiene a Dios como su autor, su propósito es la salvación, y su tema es la verdad, sin mezcla alguna de error. Por tanto, toda la Escritura es totalmente verdadera y confiable. Ella revela los principios por los cuales Dios nos juzga, y por tanto es y permanecerá siendo hasta el fin del mundo, el centro verdadero de la unión Cristiana, y la norma suprema por la cual toda conducta, credos, y opiniones religiosas humanas deben ser juzgadas. Toda la Escritura es un testimonio de Jesús, quien es Él mismo el centro de la revelación divina.

    Éxodo 24.4; Deuteronomio 4.1-2; 17.19; Josué 8.34; Salmos 19.7-10; 119.11, 89, 105, 140; Isaías 34.16; 40.8; Jeremías 15.16; 36.1-32; Mateo 5.17-18; 22.29; Lucas 21.33; 24.44-46; Juan 5.39; 16.13-15; 17.17; Hechos 2.16 y sgts.; 17.11; Romanos 15.4; 16.25-26; 2 Timoteo 3.15-17; Hebreos 1.1-2; 4..12; 1 Pedro 1.25, 2 Pedro 1.19-21.

  • Hay un Dios, y solo uno, viviente y verdadero. Él es un Ser inteligente, espiritual y personal, el Creador, Redentor, Preservador y Gobernador del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las otras perfecciones. Dios es todopoderoso y omnisciente; y su perfecto conocimiento se extiende a todas las cosas, pasadas, presentes y futuras, incluyendo las decisiones futuras de sus criaturas libres. A Él le debemos el amor más elevado, reverencia y obediencia. El Dios eterno y trino se revela a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con distintos atributos personales, pero sin división de naturaleza, esencia o ser.

    A. Dios el Padre

    Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre todo su universo, sus criaturas, y el fluir de la corriente de la historia humana de acuerdo a los propósitos de su gracia. Él es todopoderoso, omnisciente, todo amor, y todo sabio. Dios es Padre en verdad de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús. Él es paternal en su actitud hacia todos los hombres.

    Génesis 1.1; 2.7; Éxodo 3.14; 6.2-3; 15.11 y sgts.; 20.l y sgts.; Levítico 22.2; Deuteronomio 6.4; 32.6; 1 Crónicas 29.10; Salmos 19.1-3; Isaías 43.3,15; 64.8; Jeremías 10.10; 17.13; Mateo 6.9 y sgts.; 7.11; 23.9; 28.19; Marcos 1.9-11; Juan 4.24; 5.26; 14.6-13; 17.1-8; Hechos 1.7; Romanos 8.14-15; 1 Corintios 8.6; Gálatas 4.6; Efesios 4.6; Colosenses 1.15; 1 Timoteo 1.17; Hebreos 11.6; 12.9; 1 Pedro 1.17; 1 Juan 5.7.

    B. Dios el Hijo

    Cristo es el Hijo eterno de Dios. En su encarnación como Jesucristo fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, tomando sobre sí mismo la naturaleza humana con sus demandas y necesidades e identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado. Él honró la ley divina por su obediencia personal, y en su muerte sustituta en la cruz, Él hizo provisión para la redención de los hombres del pecado. Él fue levantado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de su crucifixión. Él ascendió a los cielos y está ahora exaltado a la diestra de Dios donde Él es el Único Mediador, completamente Dios, completamente hombre, en cuya Persona se ha efectuado la reconciliación entre Dios y el hombre. Él volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar su misión redentora. Él mora ahora en todos los creyentes como el Señor vivo y omnisciente.

    Génesis 18.1 y sgts.; Salmos 2.7 y sgts.; 110.1 y sgts.; Isaías 7.14; 53; Mateo 1.1823; 3.17; 8.29; 11.27; 14.33; 16.16,27; 17.5; 27; 28.1-6,19; Marcos 1.1; 3.11, Lucas 1.35; 4.41; 22.70; 24.46; Juan 1.1-18,29; 10.30,38; 11.25-27; 12.44-50; 14.7-11; 16.15-16,28; 17.1-5,21-22; 20.1-20,28; Hechos 1.9; 2.22-24; 7.55-56; 9.45,20; Romanos 1.3-4; 3.23-26; 5.6-21; 8.1-3,34; 10.4; 1 Corintios 1.30; 2.2; 8.6; 15.1-8, 24-28; 2 Corintios 5.19-21; 8.9; Gálatas 4.4-5; Efesios 1.20; 3.11; 4.7-10; Filipenses 2.5-11; Colosenses 1.13-22; 2.9; 1 Tesalonicenses 4.14-18; 1 Timoteo 2.5-6; 3.16; Tito 2.13-14; Hebreos 1.1-3; 4.14-15; 7.14-28; 9.12-15, 24-28; 12.2; 13.8; 1 Pedro 2.21-25; 3.22; 1 Juan 1.7-9; 3.2; 4.14-15; 5.9; 2 Juan 7-9; Apocalipsis 1.13-16; 5.9-14; 12.10-11; 13.8; 19.16.

    C. Dios, el Espíritu Santo

    El Espiritu Santo es el Espíritu de Dios, completamente divino. Él inspiró a santos hombres de la antigüedad para que escribieran las Escrituras. Mediante la iluminación Él capacita a los hombres para entender la verdad. Él exalta a Cristo. Él convence a los hombres de pecado, de justicia, y de juicio. Él llama a los hombres al Salvador, y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración Él bautiza a cada creyente en el Cuerpo de Cristo. Él cultiva el carácter cristiano, conforta a los creyentes, y les da los dones espirituales por medio de los cuales ellos sirven a Dios mediante su iglesia. Él sella al creyente para el día de la redención final. Su presencia en el cristiano es la garantía de que Dios llevará al creyente hasta alcanzar la plenitud de la estatura de Cristo. Él ilumina y da poder al creyente y a la iglesia en adoración, evangelismo, y servicio.

    Génesis 1.2; Jueces 14.6; Job 26.13; Salmos 51.11; 139.7 y sgts. Isaías 61.1-3; Joel 2.28-32; Mateo 1.18; 3.16; 4.1; 12.28-32; 28.19; Marcos 1.10,12; Lucas 1.35; 4.1, 18-19; 11.13; 12.12; 24.49; Juan 4.24; 14.16-17,26; 15.26; 16.7-14; Hechos 1.8; 2.1-4,38; 4.31; 5.3; 6.3; 7.55; 8.17,39; 10.44; 13.2; 15.28; 16.6; 19.1-6; Romanos .9-11,14-16,26-27; 1 Corintios 2.10-14; 3.16; 12.3-11,13; Gálatas 4.6; Efesios 1.13-14; 4.30; 5.18; 1 Tesalonicenses 5.19; 1 Timoteo 3.16; 4.1; 2 Timoteo 1.14; 3.16; Hebreos 9.8,14; 2 Pedro 1.21; 1 Juan 4.13; 5.6-7; Apocalipsis 1.10: 22.17.

  • El hombre es la creación especial de Dios, hecho a su propia imagen. Él los creó hombre y mujer como la corona de su creación. La dádiva del género es por tanto parte de la bondad de la creación de Dios. En el principio el hombre era inocente y fue dotado por Dios con la libertad para elegir. Por su propia decisión el hombre pecó contra Dios y trajo el pecado a la raza humana. Por medio de la tentación de Satanás el hombre transgredió el mandamiento de Dios, y cayó de su estado original de inocencia, por lo cual su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente inclinado al pecado. Por tanto, tan pronto como son capaces de realizar una acción moral, se convierten en transgresores y están bajo condenación. Solamente la gracia de Dios puede traer al hombre a su compañerismo santo y capacitar al hombre para que cumpla el propósito creativo de Dios. La santidad de la personalidad humana es evidente en que Dios creó al hombre a su propia imagen, y en que Cristo murió por el hombre; por lo tanto, cada persona de cada raza posee absoluta dignidad y es digna del respeto y del amor Cristiano.

    Génesis 1.26-30; 2.5, 7.18-22; 3; 9.6; Salmos 1; 8.3-6; 32.1-5; 51.5; Isaías 6.5; Jeremías 17.5; Mateo 16.26; Hechos 17.26-31; Romanos 1.19-32; 3.10-18,23; 5.6,12,19; 6.6; 7.14-25; 8.14-18,29; 1 Corintios 1.21-31; 15.19,21-22; Efesios 2.122; Colosenses 1.21-22; 3.9-11.

  • La salvación implica la redención total del hombre, y se ofrece gratuitamente a todos los que aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, quien por su propia sangre obtuvo redención eterna para el creyente. En su sentido más amplio la salvación incluye la regeneración, la justificación, la santificación, y la glorificación. No hay salvación aparte de la fe personal en Jesucristo como Señor.

    A. Regeneración, o el nuevo nacimiento, es una obra de la gracia de Dios por la cual los creyentes llegan a ser nuevas criaturas en Cristo Jesús. Es un cambio de corazón, obrado por el Espíritu Santo por medio de la convicción de pecado, al cual el pecador responde en arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. El arrepentimiento y la fe son experiencias de gracia inseparables. El arrepentimiento es una genuina vuelta del pecado hacia Dios. La fe es la aceptación de Jesucristo y la dedicación de la personalidad total a Él como Señor y Salvador.

    B. Justificación, es la obra de gracia de Dios y la completa absolución basada en los principios de su gracia hacia todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. La justificación coloca al creyente en una relación de paz y favor con Dios.

    C. Santificación es la experiencia que comienza en la regeneración, mediante la cual el creyente es separado para los propósitos de Dios, y es capacitado para progresar hacia la madurez moral y espiritual por medio de la presencia del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en gracia debe continuar durante toda la vida de la persona regenerada.

    D. Glorificación es la culminación de la salvación y es el estado bendito y permanente del redimido.

    Génesis 3.15; Ëxodo 3.14-17; 6.2-8; Mateo 1.21; 4.17; 16.21-26; 27.22-28.6; Lucas 1.68-69; 2.28-32; Juan 1.11-14,29; 3.3-21,36; 5.24; 10.9,28-29; 15.1-16; 17.17; Hechos 2.21; 4.12; 15.11; 16.30-31; 17.30-31; 20.32; Romanos 1.16-18; 2.4; 3.23-25; 4.3 y sgts.; 5.8-10; 6.1-23; 8.1-18,29-39; 10.9-10,13; 13.11-14; 1 Corintios 1.18, 30; 6.19-20; 15.10; 2 Corintios 5.17-20; Gálatas 2.20; 3.13; 5.2225; 6.15; Efesios 1.7; 2.8-22; 4.11-16; Filipenses 2.12-13; Colosenses 1.9-22; 3.1 y sgts.; 1 Tesalonicenses 15.23-24; 2 Timoteo 1.12; Tito 2.11-14; Hebreos 2.1-3; 5.89; 9.24-28; 11.1-12.8,14; Santiago 2.14-26; 1 Pedro 1.2-23; 1 Juan 1.6-2.11; Apocalipsis 3.20; 21.1-22.5.

  • La elección es el propósito de la gracia de Dios, según el cual Él regenera, justifica, santifica y glorifica a los pecadores. Es la gloriosa expresión de la bondad soberana de Dios, y es infinitamente sabia, santa e inmutable. Excluye la jactancia y promueve la humildad.

    Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por su Espíritu, jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, por lo cual contristan al Espíritu, menoscaban sus virtudes y su bienestar, y traen reproche a la causa de Cristo y juicios temporales sobre sí mismos; sin embargo, ellos serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación.

    Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-8; 1 Samuel 8.4-7,19-22; Isaías 5.1-7; Jeremías 31.31 y sgts.; Mateo 16.18-19; 21.28-45; 24.22,31; 25.34; Lucas 1.68-79; 2.29-32; 19.4144: 24.44-48; Juan 1.12-14; 3.16; 5.24; 6.44-45,65; 10.27-29; 15.16; 17.6,12.1718: Hechos 20.32; Romanos 5.9-10; 8.28-29; 10.12-15; 11.5-7,26-36; 1 Corintios 1.1-2; 15.24-28; Efesios 1.4-23; 2.1-10; 3.1-11; Colosenses 1.12-14; 2 Tesalonicenses 2.13-14; 2 Timoteo 1.12; 2.10,19; Hebreos 11.39-12.2; Santiago 1.12; 1 Pedro 1.2-5,13; 2.4-10; 1 Juan 1.7-9; 2.19; 3.2.

  • Item Una iglesia del Nuevo Testamento del Señor Jesucristo es una congregación local y autónoma de creyentes bautizados, asociados en un pacto en la fe y el compañerismo del evangelio; cumpliendo las dos ordenanzas de Cristo, gobernada por sus leyes, ejercitando los dones, derechos, y privilegios con los cuales han sido investidos por su Palabra, y que tratan de predicar el evangelio hasta los fines de la tierra. Cada congregación actúa bajo el señorío de Jesucristo por medio de procesos democráticos. En tal congregación cada miembro es responsable de dar cuentas a Jesucristo como Señor. Sus oficiales escriturales son pastores y diáconos. Aunque tanto los hombres como las mujeres son dotados para servir en la iglesia, el oficio de pastor está limitado a los hombres, como lo limita la Escritura.

    El Nuevo Testamento habla también de la iglesia como el Cuerpo de Cristo el cual incluye a todos los redimidos de todas las edades, creyentes de cada tribu, y lengua, y pueblo, y nación.

    Mateo 16.15-19; 18.15-20; Hechos 2.41-42, 47; 5.11-14; 6.3-6; 14.23,27; 15.1-30; 16.5; 20.28; Romanos 1.7; 1 Corintios 1.2; 3.16; 5.4-5; 7.17; 9.13-14; 12, Efesios 1.22-23; 2.19-22; 3.8-11,21; 5.22-32; Filipenses 1.1; Colosenses 1.18; 1 Timoteo 2.9-14; 3.1-15; 4.14; Hebreos 11.39-40; 1 Pedro 5.1-4; Apocalipsis 2-3; 21.2-3.

  • El bautismo cristiano es la inmersión de un creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Es un acto de obediencia que simboliza la fe del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado, la muerte del creyente al pecado, la sepultura de la antigua vida, y la resurrección para andar en novedad de vida en Cristo Jesús. Es un testimonio de su fe en la resurrección final de los muertos. Como es una ordenanza de la iglesia, es un requisito que precede al privilegio de ser miembro de la iglesia y a participar en la Cena del Señor.

    La Cena del Señor es un acto simbólico de obediencia por el cual los miembros de la iglesia, al participar del pan y del fruto de la vid, conmemoran la muerte del Redentor y anuncian su segunda venida.

    Mateo 3.13-17; 26.26-30; 28.19-20; Marcos 1.9-11; 14.22-26; Lucas 3.21-22; 22.19-20; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.35-39; 16.30.33; 20.7; Romanos 6.3-5; 1 Corintios 10.16,21; 11.23-29; Colosenses 2.12.

  • El primer día de la semana es el Día del Señor. Es una institución cristiana que se debe observar regularmente. Conmemora la resurrección de Cristo de entre los muertos y debe incluir ejercicios de adoración y devoción espiritual, tanto públicos como privados. Las actividades en el Día del Señor deben estar de acuerdo con la conciencia Cristiana bajo el Señorío de Jesucristo.

    Éxodo 20.8-11; Mateo 12.1-12; 28.1 y sgts.; Marcos 2.27-28; 16.1-7; Lucas 24.13,33-36; Juan 4.21-24; 20.1,19-28; Hechos 20.7; Romanos 14.5-10; 1 Corintios 16.1-2; Colosenses 2.16; 3.16; Apocalipsis 1.10.

  • El Reino de Dios incluye tanto su soberanía general sobre el universo como su señorío particular sobre los hombres que voluntariamente lo reconocen como Rey. Particularmente el Reino es el reino de la salvación en el cual los hombres entran mediante su entrega a Jesucristo por medio de una fe y confianza semejante a la de un niño. Los Cristianos deben orar y trabajar para que venga el Reino y que la voluntad de Dios se haga en la tierra. La consumación final del Reino espera el regreso de Jesucristo y el fin de esta era.

    Génesis 1.1; Isaías 9.6-7; Jeremías 23.5-6; Mateo 3.2; 4.8-10,23; 12.25-28; 13.152; 25.31-46; 26.29; Marcos 1.14-15; 9.1; Lucas 4.43; 8.1; 9.2; 12.31-32; 17.2021; 23.42; Juan 3.3; 18.36; Hechos 1.6-7; 17.22-31; Romanos 5.17; 8.19; 1 Corintios 15.24-28; Colosenses 1.13; Hebreos 11.10,16; 12.28; 1 Pedro 2.4-10; 4.13; Apocalipsis 1.6,9; 5.10; 11.15; 21- 22.

  • Dios, en su propio tiempo y en su propia manera, traerá el mundo a su fin apropiado. De acuerdo a su promesa, Jesucristo regresará a la tierra en gloria de manera personal y visible; los muertos resucitarán; y Cristo juzgará a todos los hombres en justicia. Los injustos serán consignados al Infierno, el lugar del castigo eterno. Los justos en sus cuerpos resucitados y glorificados recibirán su recompensa y morarán para siempre en el Cielo con el Señor.

    Isaías 2.4; Mateo 16.27; 18.8.9; 19.28; 24.27,30,36,44; 25.31-46; 26.64; Marcos 8.38; 9.43-48: Lucas 12.40,48; 16.19-26; 17.22-37; 21.27-28; Juan 14.1-3; Hechos 1.11; 17.31; Romanos 14.10; 1 Corintios 4.5; 15.24-28,35-58; 2 Corintios 5.10; Filipenses 3.20-21; Colosenses 1.5; 3.4; 1 Tesalonicenses 4.14-18; 5.1 y sgts. 2 Tesalonicenses 1.7 y sgts.; 2; 1 Timoteo 6.14; 2 Timoteo 4.1,8; Tito 2.13; Hebreos 9.27-28; Santiago 5.8; 2 Pedro 3.7 y sgts. 1 Juan 2.28; 3.2; Judas 14; Apocalipsis 1.18; 3.11; 20:1-22.13.

  • Es deber y privilegio de cada seguidor de Cristo y de cada iglesia del Señor Jesucristo esforzarse por hacer discípulos de todas las naciones. El nuevo nacimiento del espíritu del hombre por el Espíritu Santo de Dios significa el nacimiento del amor a los demás. El esfuerzo misionero de parte de todos, por lo tanto, depende de una necesidad espiritual de la vida regenerada, y se expresa y ordena repetidamente en las enseñanzas de Cristo. El Señor Jesucristo ha ordenado que se predique el evangelio a todas las naciones. Es deber de cada hijo de Dios procurar constantemente ganar a los perdidos para Cristo mediante el testimonio personal apoyado por un estilo de vida Cristiano, y por otros métodos que estén en armonía con el evangelio de Cristo.

    Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-6; Isaías 6.1-8; Mateo 9.37-38; 10.5-15; 13.18-30,3743; 16.19; 22.9-10; 24.14; 28.18-20; Lucas 10.1-18; 24.46-53; Juan 14.11-12; 15.7-8,16; 17.15; 20.21; Hechos 1.8; 2.; 8.26-40; 10.42-48; 13.2-3; Romanos 10.13-15; Efesios 3.1-11; 1 Tesalonicenses 1.8; 2 Timoteo 4.5; Hebreos 2.1-3; 11.39-12.2; 1 Pedro 2.4-10; Apocalipsis 22.17.

  • El Cristianismo es la fe de la iluminación y la inteligencia. En Jesucristo habitan todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. Todo conocimiento básico es, por lo tanto, una parte de nuestra herencia cristiana. El nuevo nacimiento abre todas las facultades humanas y crea sed de conocimiento. Por otra parte, la causa de la educación en el Reino de Cristo está coordinada con las causas de las misiones y de la beneficencia, y debe recibir juntamente con éstas el apoyo liberal de las iglesias. Un sistema adecuado de educación Cristiana es necesario para completar el programa espiritual del cuerpo de Cristo.

    En la educación Cristiana debe haber un balance apropiado entre la libertad académica y la responsabilidad académica. La libertad en cualquier relación humana ordenada es siempre limitada y nunca absoluta. La libertad de un maestro en una institución educacional Cristiana, escuela, colegio, universidad o seminario, está siempre limitada por la preeminencia de Jesucristo, la naturaleza autoritativa de las Escrituras, y por el propósito distintivo para el cual la escuela existe.

    Deuteronomio 4.1,5,9,14; 6.1-10; 31.12-13; Nehemías 8.1-8; Job 28.28; Salmos 19.7 sgts. 119.11; Proverbios 3.13 y sgts.; 4.1-10; 8.1-7,11; 15.14; Eclesiastés 7.19; Mateo 5.2; 7.2 y sgts.; 28.19-20; Lucas 2.40; 1 Corintios 1.18-31; Efesios 4.11-16; Filipenses 4.8; Colosenses 2.3,8-9; 1 Timoteo 1.3-7; 2 Timoteo 2.15; 3.1417; Hebreos 5.12-6.3; Santiago 1.5; 3.17.

  • Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; todo lo que tenemos y somos se lo debemos a Él. Los Cristianos están endeudados espiritualmente con todo el mundo, un encargo santo en el evangelio, y una mayordomía obligatoria en sus posesiones. Por tanto, están bajo la obligación de servir a Dios con su tiempo, talentos y posesiones materiales; y deben reconocer que todo esto les ha sido confiado para que lo usen para la gloria de Dios y para ayudar a otros. De acuerdo con las Escrituras, los Cristianos deben contribuir de lo que tienen, alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el progreso de la causa del Redentor en la tierra.

    Génesis 14.20; Levítico 27.30-32; Deuteronomio 8.18; Malaquías 3.8-12; Mateo 6.1-4,19-21; 19.21; 23.23; 25.14-29; Lucas 12.16-21,42; 16.1-13; Hechos 2.44-47; 5.1-11; 17.24; 25.20-35; Romanos 6.6-22; 12.1-2; 1 Corintios 4.1-2; 6.19-20; 12; 16.1-4; 2 Corintios 8-9; 12.15; Filipenses 4.10-19; 1 Pedro 1.18-19.

  • El pueblo de Cristo debe, según la ocasión lo requiera, organizar tales asociaciones y convenciones que puedan asegurar de la mejor manera posible la cooperación necesaria para lograr los grandes objetivos del Reino de Dios. Tales organizaciones no tienen autoridad una sobre otra ni sobre las iglesias. Ellas son organizaciones voluntarias para aconsejar, para descubrir, combinar y dirigir las energías de nuestro pueblo de la manera más eficaz. Los miembros de las iglesias del Nuevo Testamento deben cooperar unos con otros en llevar adelante los ministerios misioneros, educacionales y benevolentes para la extensión del Reino de Cristo. La unidad Cristiana en el sentido del Nuevo Testamento, es armonía espiritual y cooperación voluntaria para fines comunes por varios grupos del pueblo de Cristo. La cooperación entre las denominaciones Cristianas es deseable, cuando el propósito que se quiere alcanzar se justifica en sí mismo, y cuando tal cooperación no incluye violación alguna a la conciencia ni compromete la lealtad a Cristo y su Palabra como se revela en el Nuevo Testamento.

    Éxodo 17.12; 18.17 y sgts.; Jueces 7.21; Esdras 1.3-4; 2.68-69; 5.14-15; Nehemías 4; 8.1-5; Mateo 10.5-15; 20.1-16; 22.1-10; 28.19-20; Marcos 2.3; Lucas 10.1 y sgts.; Hechos 1.13-14; 2.1 y sgts.; 4.31-37; 13.2-3; 15.1-35; 1 Corintios 1.10-17; 3.5-15; 12;2 Corintios 8 y 9; Gálatas 1.6-10; Efesios 4.1-16; Filipenses 1.15-18.

  • Todos los Cristianos están bajo la obligación de procurar hacer que la voluntad de Cristo sea soberana en nuestras propias vidas y en la sociedad humana. Los medios y los métodos usados para mejorar la sociedad y para el establecimiento de la justicia entre los hombres pueden ser verdadera y permanentemente útiles solamente cuando están enraizados en la regeneración del individuo por medio de la gracia salvadora de Dios en Jesucristo. En el espíritu de Cristo, los cristianos deben oponerse al racismo, a toda forma de codicia, egoísmo, vicio, a todas las formas de inmoralidad sexual, incluyendo el adulterio, la homosexualidad y la pornografía. Nosotros debemos trabajar para proveer para los huérfanos, los necesitados, los abusados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Debemos hablar a favor de los que no han nacido y luchar por la santidad de toda la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada cristiano debe procurar hacer que la industria, el gobierno y la sociedad como un todo estén regidos por los principios de la justicia, la verdad y el amor fraternal. Para promover estos fines los Cristianos deben estar dispuestos a trabajar con todos los hombres de buena voluntad en cualquier causa, siendo siempre cuidadosos de actuar en el espíritu de amor sin comprometer su lealtad a Cristo y a su verdad.

    Éxodo 20.3-17; Levítico 6.2-5; Deuteronomio 10.12; 27.17; Salmos 101.5; Miqueas 6.8; Zacarías 8.16; Mateo 5.13-16,43-48; 22.36-40; 25.35; Marcos 1.29-34; 2.3 y sgts.; 10.21; Lucas 4.18-21; 10.27-37; 20.25; Juan 15.12; 17.15; Romanos 12-14; 1 Corintios 5.9-10; 6.1-7; 7.20-24; 10.23-11-1; Gálatas 3.26-28; Efesios 6.5-9; Colosenses 3.12-17; 1 Tesalonicenses 3.12; Filemón; Santiago 1.27; 2.8.

DECLARACIONES DE FE ADICIONALES

  • Declaración de Infabilidad de las Escrituras

    LA DECLARACION DE CHICAGO SOBRE LA INFALIBILIDAD BÍBLICA (1978)

    PREFACIO

    La autoridad de las Escrituras es un elemento central para la Iglesia Cristiana tanto en esta época como en toda otra. Los que profesan su fe en Jesucristo como Señor y Salvador son llamados a demostrar la realidad del discipulado obedeciendo la Palabra escrita de Dios en una forma humilde y fiel. El apartarse de las Escrituras en que se refiere a fe y conducta es demostrar deslealtad a nuestro Señor. El reconocimiento de la verdad total y de la veracidad de las Santas Escrituras es esencial para captar y confesar su autoridad en una forma completa y adecuada. La Declaración siguiente afirma esta inerrabilidad de las Escrituras dándole un nuevo enfoque, haciendo más clara su comprensión y sirviéndonos de advertencia en caso de denegación. Estamos convencidos de que el acto de negarla es como poner a un lado el testimonio de Jesucristo y del Espíritu Santo, como también el no someterse a las demandas de la Palabra de Dios que es el signo de la verdadera fe cristiana. Reconocemos que es nuestra responsabilidad hacer esta Declaración al encontramos con la presente negación de la inerrabilidad que existe entre cristianos, y los malentendidos que hay acerca de esta doctrina en el mundo en general.

    Esta Declaración consta de tres partes: un Resumen, los Artículos de Afirmación y de Negación, y una Exposición que acompaña a éstos, la cual no estará incluida en este escrito. Todo esto ha sido preparado durante tres días de estudio consultivo en Chicago. Los que firmaron el Resumen y los Artículos desean declarar sus propias convicciones acerca de la inerrabilidad de las Escrituras; también desean alentar y desafiar a todos los cristianos a crecer en la apreciación y entendimiento de esta doctrina. Reconocemos las limitaciones de un documento preparado en una breve e intensa conferencia, y de ninguna manera proponemos que se lo considere como parte del credo cristiano. Aun así nos regocijamos en la profundización de nuestras creencias durante las deliberaciones, y oramos para que esta Declaración que hemos firmado sea usada para la gloria de nuestro Dios y nos lleve a una nueva reforma de la Iglesia en su fe, vida y misión.

    Ofrecemos este Documento en un espíritu de amor y humildad, no de disputa. Por la gracia de Dios, deseamos mantener este espíritu a través de cualquier diálogo futuro que surja a causa de lo que hemos dicho. Reconocemos sinceramente que muchos de los que niegan la inerrabilidad de las Escrituras, no muestran las consecuencias de este rechazo en el resto de sus creencias y conducta, y estamos plenamente consientes de que nosotros, los que aceptamos esta doctrina, muy seguido la rechazamos en la vida diaria, por no someter nuestros pensamientos, acciones, tradiciones y hábitos a la Palabra de Dios.

    Nos gustaría saber las reacciones que tengan los que hayan leído esta Declaración y vean alguna razón para enmendar las afirmaciones acerca de las Escrituras, siempre basándose en las mismas, sobre cuya autoridad infalible nos basamos. Estaremos muy agradecidos por cualquier ayuda que nos permita reforzar este testimonio acerca de la Palabra de Dios, y no pretendemos tener infalibilidad personal sobre la atestación que presentamos, estaremos agradecidos por cualquier ayuda que nos permita fortalecer este testimonio de la Palabra de Dios.

    UNA DECLARACION BREVE

    1. Dios, que es la Verdad misma y dice solamente la verdad, ha inspirado las Sagradas Escrituras para de este modo revelarse al mundo perdido a través de Jesucristo como Creador y Señor, Redentor y Juez. Las Sagradas Escrituras son testimonio de Dios acerca de sí mismo.

    2. Las Sagradas Escrituras, siendo la Palabra del propio Dios, escrita por hombres preparados y dirigidos por su Espíritu, tienen autoridad divina infalible en todos los temas que tocan; deben ser obedecidas como mandamientos de Dios en todo lo que ellas requieren; deben de ser acogidas como garantía de Dios en todo lo que prometen.

    3. El Espíritu Santo, autor divino de las Escrituras, las autentifica en nuestro propio espíritu por medio de su testimonio y abre nuestro entendimiento para comprender su significado.

    4. Siendo completa y verbalmente dadas por Dios, las Escrituras son sin error o falta en todas sus enseñanzas, tanto en lo que declaran acerca de los actos de creación de Dios, acerca de los eventos de la historia del mundo, acerca de su propio origen literario bajo la dirección de Dios, como en su testimonio de la gracia redentora de Dios en la vida de cada persona.

    5. La autoridad de la Escrituras es inevitablemente afectada si esta inerrabilidad divina es de algún modo limitada o ignorada, o es sometida a cierta opinión de la verdad que es contraria a la de la Biblia; tales posiciones ideológicas causan grandes pérdidas al individuo y a la Iglesia.

    ARTÍCULOS DE AFIRMACIÓN Y DE NEGACIÓN

    ARTÍCULO I

    Afirmamos que las Santas Escrituras deben de ser recibidas como la absoluta Palabra de Dios.
    Negamos que las Escrituras reciban su autoridad de la Iglesia, de la tradición o de cualquier otra fuente humana.

    ARTÍCULO II

    Afirmamos que las Escrituras son la suprema norma escrita por la cual Dios enlaza la conciencia, y que la autoridad de la Iglesia está bajo la autoridad de las Escrituras.
    Negamos que los credos de la Iglesia, los concilios o las declaraciones tengan mayor o igual autoridad que la autoridad de la Biblia.

    ARTÍCULO III

    Afirmamos que la Palabra escrita es en su totalidad la revelación dada por Dios.
    Negamos que la Biblia sea simplemente un testimonio de la revelación, o sólo se convierta en revelación cuando haya contacto con ella, o dependa de la reacción del hombre para confirmar su validez.

    ARTÍCULO IV

    Afirmamos que Dios, el cual hizo al hombre en su imagen, usó el lenguaje como medio para comunicar su revelación.
    Negamos que el lenguaje humano esté tan limitado por nuestra humanidad que sea inadecuado como un medio de revelación divina. Negamos además que la corrupción de la cultura humana y del lenguaje por el pecado haya coartado la obra de inspiración de Dios.

    ARTÍCULO V

    Afirmamos que la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras fue hecha en una forma progresiva.
    Negamos que una revelación posterior, la cual puede completar una revelación inicial, pueda en alguna forma corregirla o contradecirla. Negamos además que alguna revelación normativa haya sido dada desde que el Nuevo Testamento fue completado.

    ARTÍCULO VI

    Afirmamos que las Sagradas Escrituras en su totalidad y en cada una de sus partes, aún las palabras escritas originalmente, fueron divinamente inspiradas.

    Negamos que la inspiración de las Escrituras pueda ser considerada como correcta solamente en su totalidad al margen de sus partes, o correcta en alguna de sus partes pero no en su totalidad.

    ARTÍCULO VII

    Afirmamos que la inspiración fue una obra por la cual Dios, por medio de su Espíritu y de escritores humanos, nos dio su Palabra. El origen de la Escrituras es divino. El modo usado para transmitir esta inspiración divina continúa siendo, en gran parte, un misterio para nosotros.
    Negamos que esta inspiración sea el resultado de la percepción humana, o de altos niveles de concientización de cualquier clase.

    ARTÍCULO VIII

    Afirmamos que Dios, en su obra de inspiración, usó la personalidad característica y el estilo literario de cada uno de los escritores que El había elegido y preparado.
    Negamos que Dios haya anulado las personalidades de los escritores cuando causó que ellos usaran las palabras exactas que El había elegido.

    ARTÍCULO IX

    Afirmamos que la inspiración de Dios, la cual de ninguna manera les concedía omnisciencia a los autores bíblicos, les garantizaba sin embargo, que sus declaraciones eran verdaderas y fidedignas en todo a que éstos fueron impulsados a hablar y a escribir.
    Negamos que la finitud o el estado de perdición de estos escritores, por necesidad o por cualquier otro motivo, introdujeran alguna distorsión de la verdad o alguna falsedad en la Palabra de Dios.

    ARTÍCULO X

    Afirmamos que la inspiración de Dios, en sentido estricto, se aplica solamente al texto autográfico de las Escrituras, el cual gracias a la providencia de Dios, puede ser comprobado con gran exactitud por los manuscritos que están a la disposición de todos los interesados. Afirmamos además que las copias y traducciones de la Escrituras son la Palabra de Dios hasta el punto en que representen fielmente los manuscritos originales.
    Negamos que algún elemento esencial de la fe cristiana esté afectado por la ausencia de los textos autográficos. Negamos además de que la ausencia de dichos textos resulte en que la reafirmación de la inerrabilidad bíblica sea considerada como inválida o irrelevante.

    ARTÍCULO XI

    Afirmamos que las Escrituras, habiendo sido divinamente inspiradas, son infalibles de modo que nunca nos podrían engañar, y son verdaderas y fiables en todo lo referente a los asuntos que trata.
    Negamos que sea posible que la Biblia en sus declaraciones, sea infalible y errada al mismo tiempo. La infalibilidad y la inerrabilidad pueden ser diferenciadas pero no separadas.

    ARTÍCULO XII

    Afirmamos que la Biblia es inerrable en su totalidad y está libre de falsedades, fraudes o engaños.
    Negamos que la infalibilidad y la inerrabilidad de la Biblia sean sólo en lo que se refiera a temas espirituales, religiosos o redentores, y no a las especialidades de historia y ciencia. Negamos además que las hipótesis científicas de la historia terrestre puedan ser usadas para invalidar lo que enseñan las Escrituras acerca de la creación y del diluvio universal.

    ARTÍCULO XIII

    Afirmamos que el uso de la palabra inerrabilidad es correcto como término teológico para referirnos a la completa veracidad de las Escrituras.
    Negamos que sea correcto evaluar las Escrituras de acuerdo con las normas de verdad y error que sean ajenas a su uso o propósito. Negamos además que la inerrabilidad sea invalidada por fenómenos bíblicos como la falta de precisión técnica moderna, las irregularidades gramaticales u ortográficas, las descripciones observables de la naturaleza, el reportaje de falsedades, el uso de hipérboles y de números completos, el arreglo temático del material, la selección de material diferente en versiones paralelas, o el uso de citas libres.

    ARTÍCULO XIV

    Afirmamos la unidad y consistencia intrínsecas de las Escrituras.
    Negamos que presuntos errores y discrepancias que todavía no hayan sido resueltos menoscaben las verdades declaradas en la Biblia.

    ARTÍCULO XV

    Afirmamos que la doctrina de la inerrabilidad está basada en la enseñanza bíblica acerca de la inspiración.
    Negamos que las enseñanzas de Jesús acerca de las Escrituras puedan ser descartadas por apelaciones a complacer o a acomodarse a sucesos de actualidad, o por cualquier limitación natural de su humanidad.

    ARTÍCULO XVI

    Afirmamos que la doctrina de la inerrabilidad ha sido esencial durante la historia de la Iglesia en lo que a su fe se refiere.
    Negamos que la inerrabilidad sea una doctrina inventada por el protestantismo académico, o de que sea una posición reaccionaria postulada en respuesta a una crítica negativa de alto nivel intelectual.

    ARTÍCULO XVII

    Afirmamos que el Espíritu Santo da testimonio de las Escrituras y asegura a los creyentes de la veracidad de la Palabra escrita de Dios.
    Negamos que este testimonio del Espíritu Santo obre separadamente de las Escrituras o contra ellas.

    ARTÍCULO XVIII

    Afirmamos que el texto de las Escrituras debe interpretarse por la exégesis gramática histórica, teniendo en cuenta sus formas y recursos literarios, y de que las Escrituras deben ser usadas para interpretar cualquier parte de sí mismas.
    Rechazamos la legitimidad de cualquier manera de cambio del texto de las Escrituras, o de la búsqueda de fuentes que puedan llevar a que sus enseñanzas se consideren relativas y no históricas, descartándolas o rechazando su declaración de autoría.

    ARTÍCULO XIX

    Afirmamos que una confesión de la completa autoridad, infalibilidad e inerrabilidad de las Escrituras es fundamental para tener una comprensión sólida de la totalidad de la fe cristiana. Afirmamos además que dicha confesión tendría que llevamos a una mayor conformidad a la imagen de Jesucristo.
    Negamos que dicha confesión sea necesaria para ser salvo. Negamos además, sin embargo, de que esta inerrabilidad pueda ser rechazada sin que tenga graves consecuencias para el individuo y para la Iglesia.

  • La Declaración de Danvers Concilio para la Masculinidad y Feminidad Bíblica. La "Declaración de Danvers" resume la necesidad para el Concilio para la Masculinidad y Feminidad Bíblica (CBMW) y sirve como un repaso de nuestras creencias principales. Esta declaración fue preparada por varios líderes evangélicos en una reunión de CBMW in Danvers, Massachusets, [EE. UU.] en diciembre de 1987. Fue publicado por primera vez en su forma final por el CBMW en Wheaton, Illinois en noviembre de 1988.

    Racional

    Nosotros hemos sido movidos en nuestro propósito por los siguientes desarrollos contemporáneos los cuales observamos con profunda preocupación:

    1. La extensa incertidumbre y confusión en nuestra cultura respecto a las diferencias completarías entre la masculinidad y la feminidad;

    2. los trágicos efectos de esta confusión en el desgarramiento de los hilos del matrimonio tejidos por Dios, tomando la bella y diversa fibra de la masculinidad y la feminidad;

    3. el aumento en la promoción dada al igualitarismo feminista con las distorsiones que le acompañan o la negligencia hacia la agradable armonía retratada en la Escritura entre el amor, humilde liderazgo de esposos redimidos y el inteligente y deseoso respaldo a ese liderazgo por esposas redimidas;

    4. la extensa ambivalencia con respecto a los valores de la maternidad, el quehacer del hogar, y los muchos ministerios históricamente obrados por las mujeres;

    5. la creciente reclamación de legitimidad para relaciones, las cuales han sido Bíblica e históricamente consideradas ilícitas o perversas, y el aumento en la presentación pornográfica de la sexualidad humana;

    6. el surgimiento de un aumento de abuso físico y emocional en la familia;

    7. la emergencia de los roles para hombres y mujeres en el liderazgo eclesiástico, los cuales no se conforman a la enseñanza Bíblica, sino que resultan en dañinos al testimonio fiel y Bíblico;

    8. el aumento en la prevalencia y aceptación de rarezas hermenéuticas creadas para reinterpretar significados evidentemente claros de los textos Bíblicos;

    9. la consecuente amenaza a la autoridad Bíblica, como la claridad de la Escritura es perjudicada y la accesibilidad a su significado a gente ordinaria es substraída hacia un reino restringido de ingenuidad técnica;

    10. y detrás de todo es el evidente acomodamiento de algunos dentro de la iglesia al espíritu de este mundo a costo de una autenticidad Biblica winsome y radical, la cual en el poder del Espíritu Santo puede reformar en vez de reflejar nuestra cultura enfermiza.

    Propósitos

    Reconociendo nuestra propia pecaminosidad y falibidad, y reconociendo la genuina base evangélica de muchos que no están de acuerdo con nuestras convicciones, sin embargo, movidos por las observaciones que preceden y por la esperanza de que la noble visión Biblica del complementarismo sexual pueda aun ganar la mente y corazón de la Iglesia de Cristo, nos comprometemos a perseguir los siguientes propósitos:

    1. A estudiar y adelantar la visión Bíblica de la relación entre hombres y mujeres, especialmente en el hogar y la iglesia.

    2. A promover la publicación de material académico y popular representando esta visión.

    3. A alentar la confianza a laicos para que estudien y entiendan por sí mismos la enseñanza de la Escritura, especialmente en el asunto de las relaciones entre hombres y mujeres.

    4. A alentar la considerada y sensitiva aplicación de esta visión Bíblica en las esferas apropiadas de la vida.

    5. Y en consecuencia de esto:

    • traer sanidad a las personas y relaciones heridas por un aferramiento indadecuado de la voluntad de Dios en lo concerniente a la masculinidad y la feminidad

    • ayudar tanto a hombres como mujeres a realizar su total potencial ministerial a través de un verdadero entendimiento y práctica de sus dones dados por Dios

    • y promover la extensión del evangelio dentro de todas las gentes por medio de la adopción de totalidad Bíblica en relaciones que atraen un mundo fracturado.

    Afirmaciones

    Basado en nuestro entendimiento de las enseñanzas Bíblicas, afirmamos lo siguiente:

    1. Ambos Adán y Eva fueron creados a la imagen de Dios, igual ante Dios como personas y distintos en su masculinidad y feminidad (Génesis 1:26-27, 2:18).

    2. Las distinciones entre los roles masculinos y femeninos son ordenados por Dios como parte del orden de creación, y deben encontrar un eco en cada corazón humano (Génesis 2:18, 21-24; 1 Corintios 11:7-9; 1 Timoteo 2:12-14).

    3. El liderazgo de Adán en el matrimonio fue establecido antes de la caída, y no fue el resultado del pecado (Génesis 2:16-18, 21-24, 3:1-13; 1 Corintios 11:7-9).

    4. La caída introdujo distorsiones en las relaciones entre el hombre y la mujer (Génesis 3:1-7, 12, 16).

    • En el hogar, el humilde liderazgo del amante esposo, tiende a ser remplazado por dominio o pasivismo; la sumisión inteligente de la esposa, tiende a ser remplazada por la usurpación o el servilismo.

    • En la Iglesia, el pecado inclina a los hombres hacia el amor por el poder mundano o a la abdicación de su responsabilidad espiritual, e inclina a las mujeres a resistir las limitaciones en sus roles o a ser negligentes en el uso de sus dones en los ministerios apropiados.

    5. El Antiguo Testamento, así como el Nuevo Testamento, manifiesta la igualdad en alto valor y dignidad que Dios apegó a los roles de ambos hombres y mujeres (Génesis 1:26-27, 2:18; Gálatas 3:28). Ambos, Viejo y Nuevo Testamento también afirman el principio del varón como cabeza en la familia y en la comunidad pactal. (Génesis 2:18; Efesios 5:21-33; Colosenses 3:18-19; 1 Timoteo 2:11-15).

    6. La redención en Cristo apunta hacia la remoción de las distorsiones introducidas por la maldición.

    • En la familia, los esposos deben de dejar de un lado el liderazgo bruto y egoísta y crecer en amor y cuidado para sus esposas; las esposas deben abandonar la resistencia a la autoridad de sus esposos y crecer en deseoso y feliz sumisión al liderazgo de sus esposos (Efesios 5:21-33; Colosenses 3:18-19; Tito 2:3-5; 1 Pedro 3:1-7).

    • En la iglesia, la redención de Cristo da a los hombres y las mujeres igual parte en las bendiciones de salvación; no obstante, algunos roles de gobierno y enseñanza en la Iglesia están restringidos a los hombres (Gálatas 3:28; 1 Corintios 11:2-16; 1 Timoteo 2:11-15).

    7. En todo en la vida, Cristo, el la suprema autoridad y guía para hombres y mujeres, de tal manera que no sumisión-doméstica terrenal, religiosa, o civil jamás implica un mandato a seguir la autoridad hacia el pecado (Daniel 3:10-18; Hechos 4:19-20, 5:27-29; 1 Pedro 3:1-2).

    8. En ambos, hombres y mujeres, un cordial sentido de llamado al ministerio nunca debe de usarse para poner de lado la criteria Biblica para ministerios particulares (1 Timoteo 2:11-15, 3:1-13; Tito 1:5-9). Al contrario, la enseñanza Biblica debe de permanecer como la autoridad para probar nuestro discernimiento subjetívo de la voluntad de Dios.

    9. Con la mitad de la población mundial fuera del alcance del evangelismo indígeno; con incontables personas perdidas en esas sociedades que han escuchado el evangelio; con las presiones y miserias de las enfermedades, malnutrición, desamparo, analfabetismo, ignorancia, envejecimiento, adicción, crimen, encarcelamiento, nerviosismo, y soledad, ningún hombre o mujer que sienta pasión de Dios para hacer Su gracia conocida por medio de palabra y hecho, necesita vivir sin un ministerio llenador para la gloria de Cristo y el bienestar del mundo caído (1 Corintios 12:7-21).

    10. Estamos convencidos que la negación o negligencia hacia estos principios han de llevar a crecientes consecuencias destructivas para nuestras familias, nuestras iglesias y nuestra cultura en general. Se otorga permiso y se alienta a personas interesadas a usar, reproducir, y distribuir la Declaración de Danvers.

  • La Declaración de Nashville

    Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos.
    Salmo 100:3

    PREÁMBULO

    Los cristianos evangélicos de comienzos del siglo XXI están viviendo en un período de transición histórica. A medida que la cultura de Occidente se ha vuelto cada vez más poscristiana, ha emprendido una formidable revisión de lo que significa ser un ser humano. En general, el espíritu de nuestra época ya no discierne ni se deleita en la belleza del diseño de Dios para la vida humana. Muchos niegan que Dios haya creado a los seres humanos para su gloria, y que sus buenos propósitos para nosotros incluyan nuestro diseño personal y físico como hombre y mujer. Es común pensar que la identidad humana como hombre y mujer no forma parte del bello plan de Dios, sino que, más bien, es una expresión de las preferencias autónomas de un individuo. De este modo, el camino al gozo pleno y duradero a través del buen diseño de Dios para sus criaturas es reemplazado por el camino de miopes alternativas que, tarde o temprano, arruinan la vida humana y deshonran a Dios.

    Este espíritu secular de nuestra época presenta un gran desafío a la iglesia cristiana. ¿Perderá la iglesia del Señor Jesucristo su convicción bíblica, claridad y valentía, y se fundirá con el espíritu de la época? ¿O se aferrará a la Palabra de vida, cobrará valor en Jesús y proclamará sin avergonzarse su camino como el camino de vida? ¿Conservará su claro testimonio contracultural ante un mundo que parece empeñado en irse a la ruina?

    Estamos persuadidos de que la fidelidad en nuestra generación significa declarar una vez más la verdadera historia del mundo y nuestro lugar en él, en particular en cuanto a hombres y mujeres. La Escritura cristiana enseña que no hay más que un solo Dios que es el único Creador y Señor de todo. Cada persona le debe gozosa gratitud, sincera alabanza y completa lealtad solo a él. Este no solo es el camino a glorificar a Dios, sino a conocernos a nosotros mismos. Olvidar a nuestro Creador es olvidar quiénes somos, porque él nos hizo para sí mismo. Y no podemos conocernos verdaderamente a nosotros mismos sin conocer verdaderamente a aquel quien nos creó. No nos hicimos a nosotros mismos; no somos nuestros. Nuestra verdadera identidad, como personas masculinas y femeninas, ha sido dada por Dios. No solo es insensato, sino también inútil el tratar de convertirnos en aquello para lo cual Dios no nos creó.

    Creemos que el diseño de Dios para su creación y su medio de salvación sirven para darle a él la mayor gloria y darnos a nosotros el mayor bien. El buen plan de Dios nos concede la mayor libertad. Jesús dijo que él vino para que pudiéramos tener vida y tenerla en abundancia. Él está a nuestro favor y no en nuestra contra. Por lo tanto, con la esperanza de servir a la iglesia de Cristo y testificar públicamente de los buenos propósitos de Dios para la sexualidad humana revelada en la Escritura cristiana, presentamos las siguientes afirmaciones y negaciones.

    ARTÍCULO 1

    AFIRMAMOS que Dios ha diseñado el matrimonio para que sea una unión de pacto, sexual, procreativa y de por vida entre un hombre y una mujer, como esposo y esposa, y tiene el propósito de simbolizar el amor de pacto entre Cristo y su novia, la iglesia.

    NEGAMOS que Dios haya diseñado el matrimonio para que fuera una relación homosexual, polígama o poliamorosa. También negamos que el matrimonio sea un mero contrato humano, sino un pacto hecho delante de Dios.

    ARTÍCULO 2

    AFIRMAMOS que la voluntad revelada de Dios para todas las personas es la castidad fuera del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio.

    NEGAMOS que algún afecto, deseo o compromiso puedan justificar la relación sexual antes o fuera del matrimonio; tampoco justifican ninguna forma de inmoralidad sexual.

    ARTÍCULO 3

    AFIRMAMOS que Dios creó a Adán y Eva, los primeros seres humanos, a su propia imagen, iguales delante de Dios como personas, y distintos como hombre y mujer.

    NEGAMOS que las diferencias divinamente ordenadas entre el hombre y la mujer impliquen para ellos desigualdad en dignidad o valor.

    ARTÍCULO 4

    AFIRMAMOS que las diferencias divinamente ordenadas entre hombre y mujer reflejan el diseño original de la creación de Dios y su finalidad es el bien humano y el florecimiento humano.

    NEGAMOS que tales diferencias sean el resultado de la Caída o sean una tragedia que deba ser superada.

    ARTÍCULO 5

    AFIRMAMOS que las diferencias entre las estructuras reproductivas masculina y femenina son esenciales en el diseño de Dios para el autoconcepto como hombre o mujer.

    NEGAMOS que las anomalías físicas o las condiciones psicológicas anulen el vínculo que Dios ha establecido entre el sexo biológico y el autoconcepto como hombre o mujer.

    ARTÍCULO 6

    AFIRMAMOS que aquellos que nacen con un desorden físico de desarrollo sexual están creados a imagen de Dios y poseen dignidad y valor tal como todos los demás que llevan dicha imagen. Ellos son reconocidos por nuestro Señor Jesús en sus palabras acerca de los «eunucos que nacieron así desde el vientre de la madre». Con todos los demás, ellos son bienvenidos como fieles seguidores de Jesús y deberían aceptar su sexo biológico en la medida que este se pueda conocer.

    NEGAMOS que las ambigüedades relacionadas con el sexo biológico de una persona la incapaciten para vivir una vida fructífera en alegre obediencia a Cristo.

    ARTÍCULO 7

    AFIRMAMOS que el autoconcepto como hombre o mujer se debería definir según los santos propósitos de Dios en la creación y redención tal como se revelan en la Escritura.

    NEGAMOS que la adopción de un autoconcepto homosexual o transgénero sea compatible con los santos propósitos de Dios en la creación y la redención.

    ARTÍCULO 8

    AFIRMAMOS que las personas que experimentan atracción sexual por el mismo sexo pueden vivir una vida rica y fructífera que agrade a Dios mediante la fe en Jesucristo, en tanto que, como todos los cristianos, lleven una vida de pureza.

    NEGAMOS que la atracción sexual por el mismo sexo sea parte de la bondad natural de la creación original de Dios, o que excluya a una persona de la esperanza del evangelio.

    ARTÍCULO 9

    AFIRMAMOS que el pecado distorsiona los deseos sexuales, desviándolos del pacto matrimonial y dirigiéndolos a la inmoralidad sexual, una distorsión que incluye inmoralidad tanto heterosexual como homosexual.

    NEGAMOS que un patrón permanente de deseo de inmoralidad sexual justifique la conducta sexual inmoral.

    ARTÍCULO 10

    AFIRMAMOS que es pecaminoso aprobar la inmoralidad homosexual o el transgenerismo y que tal aprobación constituye un alejamiento esencial de la fidelidad y el testimonio cristianos.

    NEGAMOS que la aprobación de la inmoralidad homosexual o el transgenerismo sea un asunto de indiferencia moral respecto al cual los cristianos por lo demás fieles deberían aceptar sus diferencias.

    ARTÍCULO 11

    AFIRMAMOS nuestro deber de hablar la verdad en amor en todo tiempo, incluyendo cuando nos hablamos unos a otros o nos referimos a otros como hombre o mujer.

    NEGAMOS cualquier obligación de hablar de tal manera que deshonre el diseño de Dios para quienes poseen su imagen como hombres o mujeres.

    ARTÍCULO 12

    AFIRMAMOS que la gracia de Dios en Cristo concede perdón misericordioso así como poder transformador, y que este perdón y poder le permiten a un seguidor de Jesús dar muerte a sus deseos pecaminosos y andar de una manera digna del Señor.

    NEGAMOS que la gracia de Dios en Cristo sea insuficiente para perdonar todos los pecados sexuales y para dar poder para la santidad a cada creyente que se sienta atraído hacia el pecado sexual.

    ARTÍCULO 13

    AFIRMAMOS que la gracia de Dios en Cristo permite a los pecadores abandonar el autoconcepto transgénero y, por paciencia divina, aceptar el vínculo ordenado por Dios entre el sexo biológico de la persona y su autoconcepto como hombre o mujer.

    NEGAMOS que la gracia de Dios en Cristo autorice autoconceptos que no concuerden con la voluntad revelada de Dios.

    ARTÍCULO 14

    AFIRMAMOS que Cristo Jesús ha venido al mundo a salvar a los pecadores y que, por medio de la muerte y resurrección de Cristo, el perdón de pecados y la vida eterna están a disposición de toda persona que se arrepienta del pecado y confíe solo en Cristo como Salvador, Señor y supremo tesoro.

    NEGAMOS que el brazo del Señor sea demasiado corto para salvar o que algún pecador esté fuera de su alcance.

Nuestra Filosofía de Ministerio

  • Esta es la predicación la cual expone lo que la Escritura dice en un pasaje en particular, explicando cuidadosamente su significado y aplicándolo a la congregación. Es un compromiso a escuchar la Palabra de Dios y recuperar la centralidad de ella en nuestra adoración.

  • Pablo encarga a Tito a “enseñar lo que esté de acuerdo a la sana doctrina” (Tito 2:1). Nuestra preocupación no es solo cómo enseñamos, sino que es lo que enseñamos. La Teología Bíblica es un compromiso de conocer al Dios de la Biblia tal y como Él se ha revelado en la Escritura.

  • El Evangelio es el corazón del cristianismo. Pero las Buenas Nuevas no significan que Dios quiera satisfacer las necesidades de las personas o ayudarlas a desarrollar una autoimagen más sana. Nos hemos rebelado pecaminosamente en contra de nuestro Creador y Juez. 

    Pero Él bondadosamente envió a Su Hijo a morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado, y Él ha acreditado la absolución de Cristo a aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen en la muerte y resurrección de Jesús. Esas son las Buenas Nuevas.

  • El cambio espiritual de cada persona necesita ser tan radical, tan cerca a la raíz, que sólo Dios puede hacerlo. Necesitamos que Dios nos convierta. La conversión no necesita ser una experiencia emocional. Sino que debe evidenciarse con frutos santos, si es la verdadera conversión de la que habla la Biblia.

  • Como las personas comparten el Evangelio está cercanamente relacionado a cómo entienden el Evangelio. Presentarlo como algo adicional que proporciona a los no cristianos algo que ellos naturalmente desean (ej. gozo o paz) es presentar una media verdad, lo cual provoca falsas conversiones. Toda la verdad es que nuestra necesidad más profunda es la vida espiritual, y que la nueva vida sólo viene al arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Jesús. Presentamos el Evangelio abiertamente, y dejamos la conversión a Dios.

  • La membresía debe reflejar un compromiso vivo a una iglesia local en asistencia, dar, oración y servicio; de otro modo sería sin sentido, sin valor e incluso peligroso. No debemos permitir mantener la membresía de personas en nuestras iglesias por razones sentimentales o por una falta de atención. Ser miembro es estar intencionalmente viajando juntos como extranjeros en este mundo mientras nos dirigimos a nuestro hogar celestial.

  • La disciplina de la iglesia nos da los parámetros de la membresía de la iglesia. La idea hoy en día parece negativa a las personas, “¿no nos prohíbe el Señor juzgar?”. Cada iglesia local tiene una responsabilidad bíblica de juzgar la vida y la enseñanza de sus líderes, y aún de sus miembros, especialmente al grado en que cada uno pueda comprometer el testimonio de la iglesia al Evangelio.

  • Existe hoy una penetrante preocupación con el crecimiento de la iglesia; no solamente con el crecimiento numérico, sino con el crecimiento de los miembros. Aunque muchos cristianos miden estas cosas, la única señal observable de crecimiento es una vida de santidad creciente, teniendo su raíz en una abnegación cristiana; estos conceptos son casi extintos en la iglesia moderna. Recuperar el verdadero discipulado para hoy edificará a la iglesia y promoverá un testimonio más claro al mundo.

  • Debe haber una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Esta pluralidad de ancianos no es solo bíblica, sino práctica y tiene un gran beneficio en complementar los dones del pastor para asegurar una guía apropiada de la iglesia de Dios.

Alianzas Ministeriales